Guarnicioneros

Los guarnicioneros salmantinos actuales, resumen en su actividad, especializaciones perfectamente delimitadas en tiempos pasados y hoy en trance de desaparición, cuando no definitivamente extinguidas.

Resulta ilustrativo el examen para “cinteros y guarnicioneros” descrito en el libro quinto, título X, de las ordenanzas municipales de Salamanca (1568). Amén de unos requisitos mínimos (haber cumplido cuatro años de aprendiz y dos como oficial), quien quisiere abrir comercio de tales suministros, debería superar con éxito la realización de variadas hechuras:

…El que se examinare sepa hacer un cinto de cordobán doblado, cosido a dos cabos de hilo. Una bolsa de lebadizos de cualquier cuero. Un talabarte de terciopelo, y cuero, con pespuntes. Un cinto de monte, como se le pidieren. Una funda de vallesta con sus gafas. Una aljaba con zapatilla, y carcaje, en que lleve la costura. Una funda de arcabuz, y bolsa de munición, con su apatamiento. Una barjuesa Francesa, y Castellana. Un coxin de bolsas delante, y alforjuelas detrás. Una maleta con su portamanteo. Un jaez de monte labrado en seda. Un aljabón de monte. Una bosa de arcón. Una gorrera…

Sebastián Sánchez López, “Chan” para sus convecinos de San Martín del Castañar, conoció el viejo menester del albardero. Sabe cumplir con su clientela ganadera, tanto en la demanda de aparejos de fina factura como las de uso diario para el trabajo. Domina la montura vaquera y la “pobrera”; las cabezonas “de cuadra” y “bocaos”, gamarras; acciones, cinchas y baticolas; alforjas, pechopetrales y arreos de carros.